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La expansión del maíz: probando tecnologías junto a los productores

22.07.2021

La expansión del maíz: probando tecnologías junto a los productores

En Olavarría, un distribuidor de DEKALB armó un ensayo en el campo de tres hermanos Dekaleros de toda la vida

En el partido de Olavarría, en el centro sur de la provincia de Buenos Aires, el maíz se viene haciendo fuerte. Sobre una superficie total aproximada a las 750.000 hectáreas, donde los planteos ganaderos son mayoría, el cereal solo ocupa (por ahora) un poco más del 10% de las 120.000 hectáreas dedicadas a la agricultura. Pero la incorporación de tecnología y su creciente conversión en carne le van generando una presencia cada vez mayor en la rotación de la zona.

Los tres hermanos Di Pino juntos en un momento dekalero

 

A partir de esta tendencia, Gerardo Di Pino, quien trabaja en la empresa Dos Caciques (distribuidor de Bayer en la zona) viene implementando una interesante modalidad de mostrarle a los productores, en sus propios campos, el comportamiento de los nuevos materiales DEKALB. En un establecimiento en el área de Sierras Bayas, perteneciente a la empresa familiar que conforman Jorge, Guillermo y Juan Esteva, llevó a cabo en la actual campaña un ensayo con siete híbridos comerciales. El objetivo fue que los productores pudieran evaluar la tecnología disponible, aún en una campaña en la que el clima no fue muy benévolo en la zona.

“En suelos profundos y con tosca, como los que hay en la zona, este tipo de ensayos permiten sacar buenas conclusiones sobre los materiales que mejor se adaptan y que el productor lo vea en su propio campo para que pueda tomar decisiones”, destaca. Muchas veces, los productores vienen usando materiales con los que han obtenido muy buenos resultados y les cuesta cambiar. Por eso, este esquema busca mostrarles que no hay riesgos. Y que la idea solo es seguir mejorando. Los siete híbridos fueron sembrados sobre el antecesor trigo/soja de segunda y a 52 centímetros entre hileras. El ensayo incluyó parcelas de 420 metros de longitud por 200 metros de ancho. La estrategia de fertilización sumó la incorporación de 140 kg/ha de MAP y 120 kg/ha de urea. La meta era un rendimiento cercano a las 10 tn/ha, muy por encima del promedio de la zona. La cosecha se realizó el 14 de abril y entre los rendimientos obtenidos se destacó el comportamiento del DK73-30 VT3PRO, que DEKALB lanzó el año pasado y que en la zona constituye una novedad.

“En un año climático muy difícil, obtuvo 9.200 kg/ha, un número claramente superior al que rindió el material RR que están acostumbrados a usar en el establecimiento, que dio casi 20% menos”, precisó Di Pino. En condiciones muy difíciles, por la falta de agua, la incorporación de nueva genética marcó igualmente su potencial, y no solo por rendimiento sino también por la estabilidad de la planta y su sanidad, dos factores también muy importantes allí, manifestó el hombre de Dos Caciques. “Enero fue un mes complicado en la zona, con pocas lluvias, que luego se recuperaron en febrero. Pero con rindes que en la zona estuvieron claramente por debajo de otros años, los materiales DEKALB realmente sobresalieron”, indicó.

Dekaleros

La familia Esteva, que abrió las puertas de su campo para el ensayo, tiene una larga trayectoria en el cultivo de maíz. “Comenzamos a sembrarlo en 1994, en una empresa familiar que por entonces integrábamos mis hermanos, mi papá y mi tío”, recuerda Jorge. Integrantes de la firma Esteva Hermanos, desde hace un poco más de una década, se vienen inclinando de manera ininterrumpida por DEKALB para hacer maíz. 

“Nuestra estrategia con el maíz es hacer una siembra bien temprana, que en esta zona arranca a principios de octubre. De la superficie agrícola hacemos entre 40% y 50% de maíz, con una rotación que luego incluye una cebada/soja de segunda y trigo”, detalla Jorge. De esa manera, las gramíneas ocupan el 100% del campo”, se enorgullece. A partir del recorrido que ha tenido el maíz en su establecimiento, Jorge valora profundamente el aporte de la tecnología. “El primer maíz que hicimos rindió 4.000 kg/ha. Teníamos poco conocimiento de la tecnología. Fuimos conociendo otros materiales y logramos llegar a 7.000 kg/ha. Pero ahora, con los nuevos híbridos ya nos acercamos a los 10.000 kg/ha, que es un muy buen número en la zona”, dice el productor.  Hace dos años, con todo el clima a favor, tuvieron un máximo de 13.000 kg/ha, que reconoce que es excelente allí, pero está muy satisfecho con haber logrado una productividad de alrededor de 10.000 kg/ha, con gran estabilidad y pisos muy elevados de rendimiento.

El planteo de fertilización incluye 130 kg/ha de fosfato monoamónico a la siembra y, previo a las lluvias (en función de los pronósticos) se volean 200 kg/ha de urea. “El aporte de nutrientes lo hacemos homogéneo en todo el lote, mientras que para la dosificación de semilla utilizamos una prescripción para cada parte del lote”, explica el productor. Sobre los resultados obtenidos por el ensayo en su establecimiento, Esteva valora la respuesta en mayor productividad que genera la tecnología, dado que les permite tener mayor rentabilidad y, así, ser más sustentables. “Es lo que buscamos”, dice. Esta familia con corazón maicero, en medio de una zona que tiene puesta la camiseta de la ganadería, lleva a cabo las labores en el campo con maquinaria totalmente propia: desde la siembra y la pulverización hasta la cosecha y el almacenamiento.“Los tres hermanos manejamos las máquinas, lo cual nos permite optimizar los tiempos y los recursos”, asegura. Y, si bien la mayoría de la producción de maíz se destina a la venta en el mercado, una parte también utilizan para su propio rodeo, como no podía ser de otra manera en la zona.

Con todos estos años junto a DEKALB y los ensayos que hace junto al distribuidor de Bayer, Esteva tiene en claro que su objetivo es expandir la superficie maicera. Por eso, ya tiene comprada la semilla para la próxima campaña, para seguir creciendo. Y no duda en afirmar que “en la nueva siembra, el maíz ocupará el 50% de la superficie”. ©